No entiendo la maldad, de verdad que no la entiendo, la mala sangre, el deseo de hacer daño.
No entiendo como alguien puede dedicarse a hacer el mal y luego pedir justicia para sí mismo, sin arrepentimientos, sin echar la vista para atrás, sin reconocer que es él quien se comporta como el mismo diablo.
Hacer daño porque sí, hacer el mal por hacerlo, y además continuar y continuar por ese camino, llevándose por medio a quien pille, como si fuera un huracán que todo lo arrasa.
No entiendo que alguien sea mala persona, que sepa que lo es, y que no haga nada, al contrario, que cuando los demás se hartan de poner la otra mejilla y se defienden, pida que le amparen, como si fuera un santo, como si lo ocurrido haya sido un accidente.
No entiendo la maldad, lo siento, no la entiendo, no puedo comprender que haya alguien que sólo se levante por las mañanas pensando en que va a hacer ese día, a quien va a hacer daño.
En otros escritos y reflexiones mías, he dicho que creo de verdad que todo se paga en esta vida, que todo es como un bucle que vuelve a nosotros con lo que hemos dado. Si damos mal, vendrá el mal, y si damos el bien, vendrá el bien. Pero mientras tanto, son los demás los que sufren a esas malas personas y a sus actos.
Estoy sufriendo en este momento el acoso de alguien que espero que pronto se olvide de mí y de mi familia, y espero que en algún momento todo el mal que esta regalando, se vuelva en su contra. Ya sé que estos no son sentimientos de buen cristiano, pero mientras tanto, es bastante duro aguantar a este tipo de personajes.






